Este fragmento lo lei en una web, (k por desgracia no recuerdo) y me gusto mucho...
de momento no puedo meter nada escrito por mi porke no tengo tiempo, espero k os guste:
No tiene ganas de bailar. Se ha hartado de repetírselo a todos esos muchachos que intentan hacerse los galanes, que le tienden una mano mientras se llevan la otra por detrás de la espalda, inclinándose levemente para mirarla desde abajo, desafiantes. Pobres infelices, simplemente logran hacerla sonreír a costa de sus sonrisas chuecas, de su rostros que delatan esa incómoda inexperiencia.
No es que de verdad no desee bailar, sino no se encontraría en la cubierta del barco, vestida con ese impresionante vestido rojo que se amolda a su cuerpo con absoluta perfección, y que hace juego con el color de sus labios, aquellos que la mayoría (Pobres resentidos) tilda de demoníacos.
Entre todos los mortales se encuentra esa diosa, inalcanzable, objeto de las apuestas de niños ricos y aburridos, sin mencionar, otra vez, feos e inexpertos.
Ya hicieron como mínimo cincuenta y cuatro intentos y a todos respondió del mismo modo: una sonrisa de compromiso (y no por eso menos demoníaca) acompañada de un suave acomodo de su peinado.
Maldita provocadora.
No puede negar que se está divirtiendo, sin embargo tampoco puede evitar sentirse afligida, estaba verdaderamente convencida de que esa noche sería la noche y de que, tarde o temprano, él terminaría por encontrarla.
Pero nada pasa, la música sigue sonando, los pretendientes siguen avanzando y la noche jamás deja de huir.
- Señorita... ¿Desearía una porción de fromage? - El sirviente la saca de sus pensamientos, mientras se ríe por haberse tomado el atrevimiento de ejercitar su inexperto francés frente a ella. Entonces, extrañada, ella se da cuenta de que no había estado buscando donde debía.
El muchacho se marcha y ella, por primera vez en toda la noche, se levanta de su asiento. Comienza a caminar por la cubierta y todo el brillo de su belleza y de su caminar, parecen hipnotizar a los espectadores.
Desea encontrarlo.
Abre la puerta de la cocina de par en par, en donde todos los del servicio se voltean a mirarla. Se queman las carnes, las salsas se desbordan de las ollas. Nadie se mueve y, aún así, todo se ha vuelto un alboroto.
Comienza a avanzar, con gran determinación pero sin ningún tipo de prisa. De repente, algo llama su atención. Él es la única persona que sigue trabajando, el único que no la mira con cara de estúpido. Eso hace que se enoje, mucho.
Sus labios se fruncen, mientras finalmente se para al lado de su objetivo.
- Hola - Le dice con esa voz que, ya lo sabe, suena como sonaría el terciopelo si pudiese hablar.
Él la mira, extrañado, sin saber qué decir.
- Eh... ¿Tiene alguna queja por la comida, señorita?
- No. - Le contesta ella, sonriendo pícaramente y pareciendo por un instante (por un levísimo instante) una niña inocente.
La noche casi llega a su fin, puede notarlo. Siempre puede darse cuenta de ese tipo de cosas.
Lo toma de la mano, no sin cierta fuerza, y comienza a arrastrarlo. Ante su confusión, lo saca de la cocina, atraviesa la mitad de la fiesta con él, sin dejar de mirar hacia un punto fijo: la proa del barco.
Una vez que llegan ahí, ella recupera su serenidad mítica.
Pero ya es demasiado tarde, él ha visto su extraña reacción, la desesperación de sus ojos. Y no puede evitar cada vez aborrecerla más y más.
- No hay tiempo... - Le grita ella.
- Tengo que trabajar... - Le contesta él, temiendo herir sus sentimientos.
- No hay tiempo para eso...
Entonces lo mira, pero con una intensidad que, incluso para él, resulta irresistible. Quizás no sea atracción, quizás lo que le produce es una insaciable curiosidad.
Lo va a besar. Él ya lo sabe.
Pero no hace eso. Su boca se sitúa en su cuello, sus dientes se clavan en la fresca carne de su cuello perfumado. Demonios, finalmente se dio cuenta de que estaba muriendo, por culpa de aquella mujer endemoniada.
Lo deja reposando en el suelo, con esa mirada angelical clavada en el vacío.
Se sonríe. Por un momento pensó que no lo lograría, pero resultó ser bastante divertido. De todos modos... ¿Qué sentido tendría ir de caza si no se tratase siempre de un verdadero reto?
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